Durante años, el sarampión fue considerado una enfermedad bajo control. Sin embargo, en la actualidad han comenzado a registrarse nuevos casos en distintas regiones del mundo, lo que ha llevado a que vuelva a ser una preocupación para la salud pública. Su reaparición exige atención, especialmente ante el aumento progresivo de contagios.
Una de las razones de su impacto es su alta capacidad de transmisión. Se estima que una persona infectada puede contagiar hasta a 18 más. El virus se propaga fácilmente al toser, estornudar o al compartir espacios con una persona infectada, a través de partículas microscópicas que permanecen en el aire por varias horas.
Síntomas y riesgos
El sarampión inicia con fiebre alta, tos, congestión nasal y ojos enrojecidos. Posteriormente, aparece una erupción en la piel que se extiende por el cuerpo.
Lejos de ser una enfermedad leve, puede generar complicaciones severas como neumonía, ceguera o inflamación cerebral. En poblaciones vulnerables, como niños pequeños o personas no vacunadas, estas complicaciones pueden resultar mortales.
La vacunación
La prevención del sarampión es posible gracias a la vacunación. En la infancia se aplica la vacuna triple viral, que protege contra sarampión, rubéola y paperas. En adultos, existen vacunas que brindan protección contra sarampión y rubéola.
Además de la protección individual, la vacunación fortalece la inmunidad colectiva, protegiendo a quienes no pueden vacunarse por condiciones médicas.
Situación en Colombia
En Colombia se ha declarado una alerta sanitaria debido a la llegada de casos provenientes de otros países. Ante este panorama, es fundamental revisar y completar los esquemas de vacunación en todas las edades Vacunarse es una de las formas más efectivas de prevenir enfermedades graves y salvar vidas. El control del sarampión depende todos nosotros.
