A veces damos como un hecho que la infancia y la adolescencia son etapas felices y sin preocupaciones, pero la realidad es otra, a comparación de otras épocas los jóvenes también sufren, se deprimen y sienten ansiedad. Minimizar sus emociones como son cosas de la edad, es un error que los aísla en su dolor.
De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 7 jóvenes entre los 10 y 19 años de edad padece un trastorno mental, además el 50% de las condiciones inician antes de los 14 años, pero la mayoría no se detecta a tiempo. La depresión y la ansiedad son causas principales de discapacidad en adolescentes, y el suicidio es la tercera causa de muerte entre los 15 y 19 años.
En el mes de la Salud Mental, te brindamos algunos mistos y verdades sobre esta condición:
- Mito: Es solo drama o ganas de llamar la atención.
- Realidad: Su cerebro está en desarrollo. El dolor emocional en jóvenes rara vez se muestra como tristeza; suele salir como ira, irritabilidad o encierro.
- Mito: Hablar del tema les mete ideas en la cabeza.
- Realidad: Al contrario. Preguntar con empatía abre puertas a la solución. El silencio aísla; la escucha los salva.
- Mito: Si mi hijo sufre, la culpa es mía.
- Realidad: La salud mental es multifactorial (biología, redes sociales, entorno). La culpa paraliza; el acompañamiento salva vidas.
Señales de alerta
Si notas aislamiento de sus amigos o hobbys, cambios drásticos en el sueño o apetito, bajón académico repentino, cambios de humor extremos o frases como "soy una carga" u "ojalá no hubiera nacido", debes estar alerta.
Sin embargo, la confianza y escucha activa, valida lo que siente sin juzgar; lo que para ti es pequeño, para él o ella es gigante. Pon límites a las pantallas antes de dormir para evitar la ansiedad que provocan las redes y fomenta espacios sin pantallas, hábitos saludables y contacto con la naturaleza.
El mensaje es para padres, madres y cuidadores. Acudir a un profesional de la psicología o la psiquiatría no es un fracaso de la crianza, sino un acto de valentía, protección y amor. La detección e intervención a tiempo evita que un dolor emocional temporal se convierta en un trastorno crónico en la adultez.
